Principios Metodológicos

Trabajamos desde la consciencia de que un niño o niña no es un adulto en construcción, sino una persona entera, con su complejidad emocional e intelectual, la cual debemos tener en cuenta a la hora de relacionarnos con él o ella.

Teniendo esta idea fundamental, nuestros pilares metodológicos se resumen en:

1. Actividad y Acción Autónoma:

Dejar al niño o niña hacer, facilitándole un ambiente adecuado en el que tenga los recursos que necesite para desarrollarse y aprender de forma autónoma. El movimiento autónomo es la base principal del desarrollo integral, con poca dirección por parte del adulto pero sí con límites claros.
La actividad física y mental es una de las fuentes principales de su desarrollo. A través del juego, la acción y la experimentación construyen sus aprendizajes y conocimientos.
De acuerdo con Piaget, este principio se relaciona con la idea de que “sólo se comprende lo que se experimenta”. Por otro lado, solo se produce un conocimiento significativo si el aprendizaje se hace con interés, es decir, dirigido desde el interior.
Los ambientes y materiales estarán preparados para la experimentación y el aprendizaje autónomo y por descubrimiento.

2. Globalización e Interconexión:

La realidad no está parcelada, sino que en cualquiera de sus manifestaciones hay implícitos factores afectivos, cognitivos, expresivos, psicomotores, y, por tanto, el niño y la niña entran en contacto con la totalidad de estos aspectos.
Los niños y niñas de estas edades no están capacitados para analizar parcialmente los distintos aspectos y entenderlos con relación a un todo que los integra. El pensamiento se percibe por “todos completos” y no sus partes. Por esta razón, fragmentar el aprendizaje en asignaturas carece de sentido y significado.
Queremos promover una visión holística e interdependiente de la Vida, tomando conciencia de unidad y de que todo está interconectado en el universo, cuidando así y respetando las relación con uno mismo, los demás, el entorno, la naturaleza y el cosmos.

3. Individualización:

Partimos de que cada niña y niño es un ser único e irrepetible, y cada uno tiene una particular forma de sentir, hacer y pensar.
Por ello, se tendrán en cuenta los diferentes ritmos y formas de desarrollo y los diversos estilos de aprendizaje, respetando sus intereses, características, necesidades y potencialidades para ofrecer una respuesta educativa acorde a las mismas.
Esto supone un proceso dinámico y continuo en el que debemos ir adaptándonos y respondiendo a las necesidades que van surgiendo.
La atención individualizada y respeto a la diversidad lo conseguimos trabajando con un grupo reducido de niños y niñas, para que las acompañantes puedan ofrecer una atención real y de calidad a sus necesidades, sobre todo en lo que al área afectiva y emocional se refiere.

4. Socialización:

El proceso de socialización se inicia con el descubrimiento de sí mismo a través del descubrimiento del otro. No obstante, por naturaleza no comenzará tal proceso hasta pasados los tres años de edad. Antes, es el hogar, el escenario fundamental.
En nuestra casa-escuela se ofrece una socialización más natural y real que en una escuela convencional, dándole muchas oportunidades de adquisición y consolidación del “sentido del yo” y de mantener relaciones sociales dentro del grupo-clase, donde se establecen relaciones más estrechas y permanentes.
A través de actividades realizadas en grupos se desarrollan hábitos positivos de convivencia y cooperación social que le preparan para la vida misma, como son: la escucha activa, respetar opiniones, tener en cuenta otros puntos de vista, estrategias de diálogo y resolución de conflictos.
Las niñas y niños son parte activa de la comunidad.
Las personas acompañantes es un modelo y reforzador de las conductas sociales, dejando al mismo tiempo, que el niño o niña desarrolle su personalidad individual y social.

5. El Juego:

El juego espontáneo supone el principal catalizador en el desarrollo de la infancia. Jugando se descubren a sí mismos, desarrollan su personalidad y autonomía, asimilan y aprenden lo que viven, se adaptan al mundo que les rodea, reviven experiencias y descargan tensiones. Es la manera que tienen de descubrir, experimentar, explorar, crear…
Creemos en el juego espontáneo desde un acompañamiento no directivo, porque estimula a elegir su propio camino, ofreciéndoles la máxima libertad a la hora de desarrollar sus habilidades y competencias según sus intereses. Y, a su vez, también fomenta la autoestima e independencia y estimula el intercambio social, el respeto mutuo y la confianza en sí mismos.
La observación de los niños y niñas en sus juegos facilita al acompañante información muy importante sobre las necesidades e intereses de cada uno/a y del grupo para hacer propuestas de actividades, herramientas y experiencias de aprendizaje.

6. Roles del educador@:

Las educadoras asumirán el rol de cuidadoras, guías, acompañantes o mediadoras en los conflictos según requiera cada situación, para atender las necesidades desde el respeto a la autonomía.

7. Entorno:

El éxito para desarrollarse plenamente dependerá de su entorno.  El ejemplo más claro que representa esta idea es la de que cuando plantamos un árbol, este no necesita que desde el exterior lo estiremos para que crezca.  Ya cuenta con un programa de desarrollo interno que hará que crezca, solo debemos cuidar su entorno, regándolo, dándole los nutrientes que le hacen falta y cuidando que, desde su exterior, nadie lo maltrate. Si por el contrario, nos entrometemos demasiado en su desarrollo, puede que obtengamos en el mejor de los casos, frutos muy vistosos pero con muy poco contenido auténtico.

8. Construir Comunidad:

Hay que entender el proceso de enseñanza-aprendizaje como un conjunto de sistemas en los que se encuentran los niños y niñas, los acompañantes, las familias y el entorno. Estos sistemas están en constante relación y se comunican entre sí multidireccionalmente, convirtiéndose así en una comunidad de aprendizaje.
Las comunidades de aprendizaje son una propuesta educativa para la sociedad actual en la que se incluye a todas las personas. Una comunidad de aprendizaje, tiene por objetivo lograr una educación de calidad, en la que participan niños y niñas, acompañantes, familias y entorno emprendiendo una nueva forma de hacer y de entender la educación.

9. Ni premios ni castigos:

Conceder un premio por hacer una cosa equivale a declarar que la cosa no merece hacerse por sí misma.  Por otro lado, el castigo es siempre un acto de odio, y por tanto, el niño o niña se siente odiado y rechazado. “El aparente remordimiento que un niño o niña castigado muestra hacia su castigador no es verdadero, lo que realmente siente el niño es odio que tiene que disfrazar para no sentirse culpable, haciendo así una niña o niño neurótico.” A.S. Neill

10. Límites:

Se establecerán límites claros para mantener el ambiente relajado y serán permanentes mientras tengan sentido (no variables según el estado de ánimo del adulto). Serán puestos de forma respetuosa, sin recriminaciones ni malas caras. No se darán largas explicaciones de por qué se pone el límite. El límite es siempre doloroso y el adulto suele invalidar los sentimientos del niño o niña con explicaciones.  Por ello, se considera oportuno intentar establecer algunas reglas con ellos, escuchando lo que tienen que decir.
Ante los límites es bueno no enfadarse con un niño o niña por lo que ha hecho ni regañarle. Es importante no dejarlos/as solos/as en el momento de poner el límite. Para los niños y niñas las reglas claras son aquellas en las que el adulto afirma claramente que él se hace responsable personal de que se cumplan.